Producción ejecutiva de proyectos cinematográficos - Pardo, Alejandro
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INTRODUCCIÓN
En 1937, durante una conferencia pronunciada ante un auditorio de estudiantes de cine de Columbia University, David O. Selznick, uno de los grandes productores de la época clásica de Hollywood –artífice, entre otros títulos, de Lo que el viento se llevó (V. Fleming, 1939), Rebeca (A. Hitchcock, 1940) y El tercer hombre (C. Reed, 1949)– afirmaba: “Creo que ya es hora de que la gente comience a pensar en el cine como en una carrera [académica]. Aunque ya han existido, durante algunos años, los cursos sobre guión, dirección y fotografía, confío en que algún día existan cursos que traten la producción”. Y añadía: “Me gustaría ver, en un plazo de diez o quince años, personas que estén capacitadas para la producción, lo cual supone una formación en cada rama del negocio: distribución, exhibición y producción” (Behlme, 1989: 473) [1].
Hace tiempo que este sueño de Selznick es ya una realidad. En el último medio siglo han proliferado los cursos sobre producción o gestión audiovisual, y hoy día constituyen una oferta habitual de grados y posgrados universitarios en gran parte del mundo. Mientras que en Estados Unidos la enseñanza profesional de los principales oficios cinematográficos se incluyó desde un inicio en las universidades –las film schools de University of Southern California (USC), University of California at Los Angeles (UCLA) y New York University (NYU)–, en Europa esta labor correspondió a las escuelas de cine públicas y privadas, y a algunas otras instituciones de ámbito europeo (como la Media Business School, en el caso de la formación de productores ejecutivos). Solo en una época más reciente, varias de estas disciplinas se han incorporado a la oferta curricular universitaria, en muchos casos de la mano de las Facultades de Comunicación, y hoy día asistimos a una pléyade de másteres y grados centrados en guión, dirección, producción, marketing y distribución.
Por esta misma realidad, van siendo numerosos los guionistas, directores y productores que proceden de alguno de estos ámbitos superiores de enseñanza. Los profesionales del cine son cada vez menos autodidactos, menos hechos a sí mismos, y acceden al oficio tras una esmerada preparación, al igual que sus colegas de otras disciplinas. Comparto con Selznick la idea de que la formación que debe recibir alguien que va a acometer un proyecto audiovisual de cierta envergadura y a desempeñar una labor de liderazgo creativo (como es el caso del productor ejecutivo) requiere una altura académica universitaria sobre la que sustente luego la experiencia profesional. Quienes acceden a la producción audiovisual hoy día poseen una preparación cada vez mejor. Sin embargo, al percibir la exigua proporción de películas que triunfan y son económicamente rentables, se advierte que esta formación podría ser todavía más eficiente. No resulta fácil conseguir el adecuado perfil de empresario creativo, sometido a la constante dualidad ente lo artístico y lo comercial, en una actividad marcada por el riesgo financiero y la incertidumbre de mercado. Quizá por ello mismo, siga estando vigente el consejo que daba hace unos años el entonces director del Sundance Film Festival, Geoff Gilmore, a una audiencia compuesta por profesionales de cine europeos y convocada por la European Film Academy en Berlín, bajo el intencionado título de Strategies for Survival: “Lo que se necesita es promocionar productores y convertirlos en la élite de las escuelas. Necesitan saber qué es una buena historia, cómo se trabaja la reescritura del guión, cómo analizarlo. Necesitan también darse cuenta de que en Europa se aprecia menos el ‘dinero’ [la dimensión económica] y esta es la razón del porqué fracasan muchos estudiantes [de producción]” (cit. en Finney, 1996a: 44).
Este libro ha sido escrito con idea de ofrecer una modesta contribución en esta línea, dentro del contexto académico. Por ello mismo, es deudor de la labor pionera llevada a cabo por maestros como Antonio Cuevas (1976) y José G. Jacoste (1996), continuada luego por otros muchos otros colegas (Fernández, y Martínez, 1996; Sainz, 1999; Cabezón y Gómez-Urda, 1999; Calvo, 2003; Marzal y López, 2008; Fernández y Barco, 2009; Linares y Fernández, 2012). Se trata de un texto escrito con intención de servir de manual para quienes se acercan por primera vez a la profesión de productor –y más en concreto, de productor ejecutivo–, y es fruto de veinte años de experiencia docente en este ámbito.
A este respecto, conviene realizar algunas apreciaciones. En primer lugar, y como se acaba de apuntar, este libro se centra en el nivel ejecutivo de la producción, es decir, en el productor como principal promotor del proyecto cinematográfico, de cuya génesis es responsable y al que acompaña y ayuda a crecer, hasta convertirlo en la obra audiovisual destinada a la gran o a la pequeña pantalla. Hay por tanto un marcado punto de vista estratégico y de gestión, que caracteriza a la visión que aquí se ofrece sobre la producción ejecutiva, y que a su vez se basa en una doble premisa: el entendimiento de la producción audiovisual como gestión de proyectos (project management) y como una tarea creativa.
En segundo término, este manual se centra en el caso de proyectos cinematográficos, es decir, largometrajes u obras de ficción audiovisual de gran formato, lo cual no impide que muchos de los principios y cuestiones incluidas sean aplicables a otros tipos de producción audiovisual, y por tanto útiles para cualquier productor ejecutivo.
Las matizaciones anteriores explican en parte el contenido del libro. Como se aprecia en el índice, se centra en la fase de desarrollo del proyecto y en de su comercialización, obviando la producción propiamente dicha (pre-producción, rodaje y post-producción), que normalmente el productor ejecutivo delega en el director de producción y en el supervisor de post-producción. Es decir, no contempla algunas tareas importantes de la producción técnica o de campo como la elaboración del presupuesto, del plan de rodaje y del resto de documentos de producción. Sobre este particular, existe abundante bibliografía en inglés y en castellano, como la que he mencionado anteriormente.
Pretendo por tanto cubrir de manera específica aquellos momentos cruciales de la gestión y explotación de una película, que coinciden con los principales ámbitos de responsabilidad de la producción ejecutiva. Coincido así con la opinión de David Puttnam, conocido productor británico –responsable de películas como Carros de fuego (H. Hudson, 1981), Los gritos del silencio (R. Joffé, 1984) o La misión (R. Joffé, 1986)–, quien explica: “Describiría mi trabajo más como un pre-productor y un postproductor que como un productor a secas, porque, una vez comenzado el rodaje, el papel del productor consiste básicamente en solucionar los posibles contratiempos. No hay mucho influjo que ejercer sobre el proceso de filmación. Por lo tanto, la influencia debe centrarse en el guión y en aquellos elementos que determinan la respuesta del público [el marketing y la salida al mercado]. Obviamente, puede realizarse también una tarea muy útil en la post-producción, trabajando sobre el material hasta conseguir el efecto deseado” (cit. en Pardo, 2003a: 68). El lector observará, por otra parte, cómo la voz de Puttnam se encuentra especialmente presente en algunos capítulos. El hecho de haber centrado parte de mi investigación en la figura de este emblemático productor me ha llevado a tomarme esta licencia, sabedor de que siempre resulta más interesante conocer los entresijos del oficio de la mano de quienes lo han desempeñado con singular competencia.
La estructura del libro se articula en torno a diez capítulos, que tratan de manera monográfica otros tantos ámbitos cruciales de la producción ejecutiva en los diferentes frentes del proyecto cinematográfico: creativo, legal, económico-financiero y comercial. El primero de ellos, de carácter más introductorio y contextual, aborda la figura del productor en sentido amplio, con especial énfasis en sus cualidades, competencias y jerarquía. Al mismo tiempo, ofrece algunas reflexiones de interés sobre el ejercicio creativo de la producción, todo ello bajo partiendo de la consideración de la producción audiovisual como gestión de proyectos. Los capítulos 2 y 3 se centran en la fase de desarrollo. Mientras el segundo capítulo explica cómo el proyecto se origina y se diseña en sus aspectos fundamentales (creativos, legales, económicos, técnicos y comerciales), el tercero ofrece algunos criterios para lograr adecuar la película al mercado, es decir, para moverse en la escala económica adecuada, y garantizar su viabilidad y rentabilidad. El capítulo 4 aborda en profundidad una cuestión tan crucial y complicada como es la negociación y gestión de los derechos audiovisuales, presentes a lo largo de todo el proceso. A continuación, los capítulos 5 y 6 se ocupan del personal creativo, artístico y técnico que interviene en una producción cinematográfica. El quinto capítulo pone especial énfasis en criterios o principios en torno a la configuración de los distintos equipos, así como de la selección del reparto y de la relación con el director. El sexto, por su parte, se centra en la gestión laboral y en la cobertura jurídica, es decir, contratos con el personal, seguros y permisos. El capítulo 7 aborda las modalidades o estrategias de producción, en especial de la coproducción a nivel internacional. Le sigue el capítulo 8, que trata extensamente la dimensión económica, el equilibrio entre financiación y amortización, y la elaboración del plan de negocio. Hasta aquí lo que podría considerarse la fase previa a la producción propiamente dicha. El noveno capítulo versa sobre la plan comercial, es decir, estrategias de marketing, distribución y explotación en las sucesivas ventanas. Cierra la relación de capítulos un resumen de la legislación sobre industria cinematográfica vigente en nuestro país. Por lo demás, el volumen está jalonado con abundantes tablas y gráficos, para ilustrar y visualizar mejor algunos conceptos.
El libro concluye con un par de apéndices que considero de interés. Por un lado, un conjunto de anexos que amplían la información de cada capítulo o la completan con ejemplos o casos prácticos, aparte de incluir diferentes modelos de contratos. Por otro, un breve glosario inglés-español de términos cinematográficos relacionados con la producción, marketing, distribución y exhibición. Finalmente, aunque cada capítulo incluye al final una bibliografía específica, he querido añadir una recopilación final de obras de especial interés para productores.
Esta versión electrónica está diseñada para que los gráficos y tablas se amplíen con un doble click. De igual modo, existen hipervínculos en el caso de las referencias bibliográficas y en las referencias de unas secciones a otras. De igual modo el índice final de gráficos y tablas permite acudir directamente a cualquiera de ellas.
El presente texto no hubiera sido posible sin el input recibido a lo largo de estos años por numerosos profesionales del sector, en encuentros formales e informales. Aún a riesgo de olvidarme algunos, quiero mencionar a Patxi Amézcua, Álvaro Augustin, Adolfo Blanco, Ángel Blasco, Andrés Barbé, Fernando Bovaira, Manuel Cristóbal, Ángel Durández, Hugo Écija, Julio Fernández, Gustavo Ferrada, Jordi Gasull, Antonio Giménez, Andrés Vicente Gómez, Juan Gordon, Susana Herreras, Gerardo Herrero, José María Irisarri, Luis Jiménez, Fernando Labrada, Koldo Lasa, Mikel Lejarza, Manuel Monzón, Josetxo Moreno, Pedro Pérez, Vicente Pérez, Juan Pita, Elías Querejeta, Edmon Roch, Primitivo Rodríguez, Gustavo Ron, Andrés Santana, Antonio Saura, José Antonio Sainz de Vicuña, Guillermo Velasco y Cristophe Vidal. Incluyo también aquí a Peter Bloore, Peter Dally, Angus Finney, Terry Illot, John T. Lenox y Larry Turman, con una mención muy especial para David Puttnam, verdadero inspirador de estas páginas.
No puedo menos que dedicar este trabajo a todos mis antiguos alumnos que trabajan en la industria cinematográfica –algunos de ellos mencionados en el párrafo anterior– y a todos los que he tenido el placer de tener en las aulas durante estos años. Aún sin saberlo, ha supuesto un continuo aliciente y un empuje permanente para la superación.
De igual modo agradezco la valiosa ayuda de mis colegas del Departamento de Cultura y Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra –en especial, a los que pertenecen al área de Producción (Patricia Diego, Enrique Guerrero, Carlos Bernar y Cristina Pérez)–, y de colegas de otras universidades que se dedican a la enseñanza de la producción audiovisual (varios de ellos citados en esta misma introducción). Mi gratitud se hace extensiva asimismo a la editorial Eunsa, y de modo especial a Esperanza Melero, por hacer posible la publicación de este libro. Al igual que en el manual anterior, Javier Muñoz, antiguo alumno y amigo, ha accedido a realizar la ilustración de portada –toda una iconología del productor ejecutivo que dejo al lector interpretar–. Por último, y con un cariño muy especial, a mi familia, padres y hermanos, que son un continuo ejemplo de vida.
Confío en que esta modesta aportación a la formación de los productores ejecutivos, presentes y futuros, se demuestre útil y contribuya a mejorar una profesión tan relevante en la industria cinematográfica. Al fin y al cabo –en palabras de Elías Querejeta– “el productor (...) debe tener un conocimiento directo de todos y cada uno de los procesos que configuran una película. Al menos, si es un productor que realmente siente pasión por aquello que termina apareciendo en la pantalla” (cit. en Angulo et al., 1996: 42).




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